10 de junio de 2010

Conclusiones tras un año de "experimento matriarcal".



Ya llevo casi un año con mi "experimento matriarcal", y puedo afirmar que ha sido muy positivo.

Lógicamente, veo que llevo toda una vida sentando inconscientemente las bases teóricas para tal experimento, pero ha sido en los últimos diez meses que me he propuesto llevarlo a la práctica y estudiar los cambios producidos en mi familia. Dicho experimento empezó tras la lectura del Reino de las mujeres de Ricardo Coler. La maternidad de mi diosa también me ayudó a replantearme muchas cosas. Después, empecé este blog.

En mi caso puedo atestiguar que la familia matriarcal es viable, y produce cambios positivos a nivel psicológico y social. Parto de la hipótesis de que lo matriarcal permite un desarrollo equilibrado de la persona y no educa en el individualismo y el egoísmo. Curiosamente, para mí, la interiorización psicológica de la igualdad de género y autoridad maternal parecen ir de la mano, aunque pueda parecer una contradicción.

Mi experimento ha consistido, básicamente, en probar una serie de acciones en mi propio entorno, que han producido los siguientes efectos, algunos de ellos sorprendentes, todos ellos positivos:

Acción: proponerle la matrilinealidad a mi pareja.
Efectos: su sorpresa fue tal que no supo qué responder. Fue el inicio del experimento. Ella sabe que estoy convencido de los beneficios de la matrilinealidad, y sabe que la última decisión reside en ella, siempre. Nuestros hijos sabrán qué es la matrilinealidad, a una edad más avanzada, mostrándosela como una opción muy legítima y digna para aplicarla en sus propias vidas.

Acción: Anular mi yo patriarcal, no cumplir con el rol clásico de padre. Ser únicamente el mejor amigo de la madre de nuestros hijos, a la que en este blog llamo mi matriarca.
Efectos: los niños en nuestro hogar ahora tienen muy claro que la autoridad proviene de su madre. No damos lugar a conflictos de autoridad que les puedan confundir o provocar inseguridad. Nunca nos ven discutir airados. Si discrepo con ella en algo (muy pocas veces, porque ella no suele actuar egoístamente, la mayor parte de las veces soy yo quien meto la pata) aclaramos nuestras diferencias y todo suele reducirse a algún malentendido.
Renunciando a ser el "director" de la familia, tengo menos necesidad de controlar a los demás, y no estoy obligado a mostrarme duro e imperativo con ellos. Sé que los niños terminan escuchando a su madre.
Ella sabe conducirnos a buen puerto sin necesidad de gritos o enfados.

Acción: le dije a mi matriarca que me contemplara no como al padre cabeza de familia, sino como "un invitado en su casa".
Efecto: se lo tomó algo mal, no comprendió el sentido de mis palabras, mi deseo de situarme al margen para que ella se sintiera totalmente libre. Es tan buena conmigo que desea compartirlo todo, lo cual me enorgullece y me confirma su amor por mí. Y mi amor hacia ella se refuerza.

Acción: proponerle recibir todas mis propiedades, cuentas, sueldo,... todo para ella, nada para mí.
Efectos: "Deja de decir tonterías" fue su respuesta, y aquí se zanjó el asunto. Seguiré cargando con las cuentas bancarias (compartidas) y el patrimonio familiar. Yo sólo deseaba ser libre de propiedades, y no ser juzgado por lo que tengo, sino por lo que soy y por mi trabajo. Más adelante volveré a proponérselo, siempre he deseado vivir con austeridad y sentirme más libre respecto a las posesiones.

Acción: empoderar al máximo a mi matriarca, reforzando su autoestima y su amor propio.
Efectos: los efectos no han podido ser mejores. Básicamente, consiste en no hacerle sombra, dejarla brillar con su luz propia. Conversar sobre las estrategias de control patriarcal más sutiles nos han permitido a ambos crecer en complicidad y arrojar luz sobre nuestras vidas. La amistad se fortalece.

Acción: no esperar a que otros hagan lo que yo puedo hacer en casa, buscar la satisfacción ajena antes que la mía propia. El servicio es mi respuesta de agradecimiento a mi matriarca por permitirme vivir junto a ella.
Efectos: el reparto de tareas domésticas toma un ritmo natural. Han desaparecido las discusiones típicas de antaño.

Acción: tener fe en el poder de la empatía, desconfiar del egoísmo. Intentar detectar el exceso de agresividad o estrés y ponerle freno. Pensar en el bien del otro antes que en el propio. Éste es el punto más difícil, que requiere más constancia porque implica renunciar al ego, pero es el que más recompensas y satisfacción conlleva.
Efectos: los niños (a cierta edad) aprenden por imitación, y si algo bueno tiene actuar por altruísmo es que ellos ven y aprenden. Si yo actuara egoístamente, ellos terminarían interiorizando mi individualismo. Ellos rápidamente captan los beneficios de la cooperación. Si me ven respetar y "obedecer" a la matriarca, ellos... ¡harán lo mismo! Así de sencillo.
Lo tengo comprobado, cuando yo me pongo a planchar o limpiar,... ¡los niños cambian de actitud y se muestran más receptivos y serviciales!
Nunca le faltan al respeto a su madre, ni a mí, cosa que me satisface sobremanera; se muestran felices, lo que me confirma el éxito del "experimento". Ambos les premiamos siempre con mucho cariño. Nunca faltan varios "te quiero mucho", cada día.

Acción: he adoptado libremente una sexualidad ginocéntrica, es decir, mi deseo y mi moral sexual se acomodan únicamente a los deseos de ella.
Efectos: Carezco de moral sexual propia. Puede parecer extraño terminar defendiendo para los varones una moral sexual "ginecónoma" (mira por donde, he creado un neologismo) en pleno siglo XXI. Pero si debo ser honesto, vivirla así tiene muchas ventajas. Mi matriarca no tiene motivos para sentirse engañada, incómoda, forzada o cohibida (mucho menos "violada"). Sabe que no la juzgo en nada, y que no tiene la obligación de "satisfacerme" (¡nunca nadie debería tener esa obligación!). Ella es totalmente libre, no tengo "derechos" sobre ella. Nuestra amistad está por encima de todo.

Acción: he "educado" mi mirada andrógina, empatizando con la mujer como nunca antes, percibiendo lo femenino en lo masculino, y viceversa.
Efectos: Mi masculinidad se ha diluído, ya no existe. De forma inesperada, y sin sentimientos de culpa ni represiones, la frecuencia con la que construyo fantasías sexuales (que pudieran obsesionarme o frustrarme más de lo deseado) se ha reducido drásticamente en el último año. Lo cual no significa que ya no tenga fantasías sexuales: tengo las que ella me proporciona. Básicamente ahora ya no nacen de mi imaginación, sino de la suya.
Puede que esté relacionado con la edad o el cansancio, pero yo siento que gracias a la integración de lo femenino en mí, he conseguido lo que miles de ascetas patriarcales buscaban mediante la represión del placer: no ser esclavo de la libido. Se puede dejar de ser esclavo de las hormonas y a la vez disfrutar de una sexualidad plena (mis orgasmos no han empeorado, al contrario, adquieren mayor intensidad). Paradójico, ¿verdad?

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No he probado (ni pienso hacerlo) la matrilocalidad (volver a vivir a casa de mi madre) por razones obvias: ello no beneficiaría a nuestros niños en nada. Tampoco tendría sentido en nuestra sociedad actual, y estaría en contra de la voluntad de mi matriarca.
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Conclusión: una familia matriarcal no parece entrañar ningún peligro. Nuestra comunidad está unida, los niños maduran en su sentido de la responsabilidad (a su ritmo, claro está) y todos tenemos un referente claro, que es la madre. Ya sé que esto puede extrañar a algunxs, pero yo no lo cambio por nada. Mi familia, siendo matriarcal, funciona, por si puede servir de algo.

No me canso de repetir que una mujer, por ser madre, no es más o mejor que otra mujer sin hijos: el destino de la mujer no es ser madre. Ser matriarcal es permitir que cada mujer escriba su propio destino, sin amenazas ni intromisiones de ningún padre-amante-marido-institución-religión...

He aquí la gran responsabilidad de las madres y sus amigxs: educar una nueva humanidad, para mí la justificación principal del matriarcado. El patriarcado no puede ofrecer nada nuevo bajo el sol, está saturado de barbarie y narcisismo.

¿Será que he tenido mucha suerte de encontrar una amiga como mi matriarca? Es probable. Pero tengo muy claro que si ella actuara autoritariamente, yo no le reconocería autoridad alguna.

Entre mis actuales incógnitas, me pregunto: ¿es posible la comunidad matriarcal a mayor escala? ¿Pueden existir aldeas matriarcales, comunidades/monasterios mixtos interreligiosos matriarcales, municipios, regiones,... todo un planeta,... donde el ideal matriarcal sea una realidad?

Aquí ya entramos en el terreno de la utopía, ¡...pero todo lo imaginable es posible!

¡Si alguien más lo ha puesto en práctica y le ha funcionado, por favor, que lo comparta!
¡No creo que yo sea el único varón matriarcal de este planeta! No quisiera serlo, vaya...

Saludos.
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