1 de octubre de 2010

Brooke Myers o el matriarcado como solución.

Traduzco el artículo de Brooke Myers, "El matriarcado podría solucionar muchos problemas del mundo" escrito para un periódico universitario.

Sorprende que esta joven estudiante proponga derrumbar el capitalismo y lo diga tan abiertamente en una publicación estadounidense.

Maravilloso.

No es una autora popular, y su artículo puede parecer subjetivo, utópico e idealista (como todo este infame blog), pero casualmente, pese a vivir en extremos opuestos del planeta, compartimos una misma visión. No tengo más remedio que publicarlo aquí, lo siento.

Ambos sentimos simpatía por las pocas etnias matriarcales que no han aportado nada al progreso científico-técnico de la humanidad, y parecen subdesarrolladas, atávicas y tercermundistas. Porque intuímos que en ellas hay una sabiduría que nos puede salvar de la autodestrucción, igual que ellas se han salvado a sí mismas de la desigualdad, la violencia y el individualismo. Que no es nada.

Nosotros tenemos tecnología, playstation, vehículos de diseño,... pero en esas sociedades matriarcales no existen dos fenómenos a los que estamos demasiado habituados por estos lares: prostitución y explotación. De hecho, no necesitan de ninguna revolución feminista que las salve de nada, ni ellos necesitan ser liberados de manos de mujeres crueles y sádicas.


Allí, quienes se ocupan de que la economía esté al servicio de la sociedad, y no al revés, son las madres y sus hijxs, es decir, todxs por igual.

Si algún día esta joven se dedica a la política, espero que no sea víctima de las "cazas de brujas" propias de su país.


Matriarchy could solve many of the world’s problems.
Brooke Myers, 14-4-2010, The Oklahoma Daily.

La respuesta a la paz en la Tierra está confinada en lugares remotos y dispersos por todo el planeta. Creo que el nuevo objetivo del feminismo debería ser el de poner fín al desarrollo industrial capitalista y abanderar un nuevo movimiento hacia un relevo matriarcal global.

Oh, sí, dije eso. Un relevo matriarcal global. Lo digo en serio.

Sólo mirando alrededor veremos adónde nos ha llevado la dominación masculina. Durante milenios, varones poderosos han gobernado sobre otros varones marginados del poder, diciéndoles qué hacer, qué no hacer, qué pensar, cómo sentir, qué es aceptable y qué no lo es, quiénes ser, cómo vestir y qué creer. La lista sigue, en todos los aspectos de la vida. Para hombres y mujeres.

Ésta ha sido la "manera masculina": tú me escuchas, yo no te escucho. Funciona para una pequeña fracción del mundo, para la élite, pero es injusto para la gran mayoría de la sociedad. Uso el capitalismo como ejemplo de explotación, porque está universalmente implantado.

La modernidad hoy a menudo se entiende como el resultado de movimientos de progreso hacia la democracia, el desarrollo capitalista industrial, un mejor reparto de la riqueza e igualdad de género, clases y razas. Pero es obvio el descontento social, la explotación laboral, el aumento de la pobreza y la falta de igualdad que cada vez más caracteriza a las sociedades "modernas" como Estados Unidos.

No puedo evitar ir al fondo de los fundamentos ideológicos de estos problemas. En el caso de los EE.UU., me refiero al patriarcado. Las principales implicaciones de la modernidad se manifiestan en lo económico. Se acostumbra a pensar que el capitalismo y su complementario, la democracia, son la base para el resto de avances sociales. Avances como la alfabetización universal, que significa oportunidades para todxs. Pero dentro del marco ideológico del patriarcado, conlleva un coste para las mujeres.

Esto no es fácil de comprender sin contemplar la esencia de sociedades matriarcales, básicamente halladas en zonas poco desarrolladas del planeta, como son la etnia Mosuo al suroeste de China, los Igbo en Nigeria, los Cherokees precoloniales de Norteamérica y los Minangkabau de Indonesia.
El estudio de estas sociedades nos revela que la economía y democracia modernas de Norteamérica no necesariamente contienen la respuesta a la búsqueda de la igualdad de género. No podemos cerrar los ojos ante la discriminación aún sufrida por mujeres en EE.UU, tanto cultural como profesionalmente. Los roles de género de las mujeres Mosuo, Igbo, Cherokee y Minangkabau nunca han sido dictados por una idea de inferioridad respecto al hombre, mientras que en la sociedad patriarcal occidental éste siempre ha sido el caso (lo admitamos o no, es evidente).

Estas sociedades se basan en un sistema de equilibrio y cooperación entre lo masculino y lo femenino, lo que resulta en relaciones sociales más pacíficas. Esto es así porque "no son simplemente un modelo invertido del patriarcado, con mujeres mandando a los hombres (como suele malinterpretarse), sino más bien se trata de sociedades donde se cumple la igualdad de género, y en muchas ocasiones la igualdad es plena" (“Matriarchies as Societies of Peace: Rethinking Matriarchy”).

La igualdad plena está en las antípodas del capitalismo, porque éste sobrevive gracias a la explotación. Ahí radica la diferencia principal entre sociedades patriarcales y matriarcales: las primeras se basan en estructuras jerárquicas, las segundas en la cooperación mutua y la armonía social. Si los ideales están en la base de los sistemas, entonces queda claro que la competitividad está en la base de los sistemas exclusivamente masculinos. Es una carrera hasta lo más alto, y los escalones son las cabezas y hombros de las demás personas. Por el contrario, el ideal matriarcal se refleja en todos los sistemas económicos y políticos de las sociedades antes citadas como fundado en la interdependencia, reconociendo el valor que cada miembro aporta al grupo.

El simbolismo masculino-femenino es ubicuo. En nuestras sociedades patriarcales, la perspectiva femenina es mantenida al margen. No hay un intento de entendimiento mutuo por parte de lo masculino. Más aún, no hay una genuina aceptación de que entre los dos sexos hay diferencias.

Lo vuelvo a repetir, hay diferencias. No se trata sólo de fórmulas distintas, también tienen números distintos. Antes de que cualquier hombre intente decirle a cualquier mujer lo que debe hacer, necesita encontrar esa Piedra Roseta que traduzca el lenguaje masculino al femenino. Miles de años siendo incapaces de conseguirlo han resultado en un mundo lleno de jerarquías viciadas.